Trabajadores Públicos y Empresas Privadas


 

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En el día de ayer, la ex presidenta de la Comunidad de Madrid anunciaba, que va a proponer en el PP de Madrid que cualquier político de su partido que quiera ocupar un cargo electo tendrá que demostrar una experiencia anterior en la empresa privada.

Lo sorprendente de su anuncio es que haya causado tanto revuelo, cuando el anuncio es positivo. Muy positivo. El problema es que la señora Aguirre y otros tantos compañeros de Ayuntamientos, Comunidades, Diputaciones y el Estado llevan años valorando totalmente lo contrario: la lealtad y la militancia al partido.

Si las palabras de Aguirre no se quedan en un globo sonda (habitualmente queda todo en  nada), puede ser el principio de una nueva manera de hacer las cosas en política, donde lo que prime sea la experiencia o el mérito en una materia y no sólo la pertenencia.

En esta semana, también han surgidos dos nuevas polémicas con la empresa privada y la función  pública. La primera polémica ha sido la relación del antiguo consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid Juan José Güemes y su vinculación con la empresa Unilabs. Ante este hecho, aunque para algunos moralmente pudiera ser cuestionable, si no incumple ninguna ley de incompatibilidad, no hay nada que reprochar. Lo lógico es que Unilabs busqué alguien con experiencia en Sanidad y con contactos y Güemes tiene ambos.

La segunda polémica es que Esperanza Aguirre pida la excedencia para trabajar en una empresa de reclutamiento de directivos. Sinceramente, no entiendo que hay de malo, ni el porqué de tanta polémica.  Es probable  que la ex presidenta quiera divertirse unos años y estas noticias ayudan a que no pierda la presencia mediática que tanto le gusta.

Desde DSC defendemos que los mejores profesionales puedan participar en la vida política, así como defendemos que la selección de políticos no se realice por “estar ahí”, sino por méritos y capacitación profesional.

Un profesional de un sector va a ser mucho más productivo que un político que no domine la materia y que necesita un grupo de asesores o que simplemente legisla sin conocer las implicaciones de sus decisiones. Asimismo la profesionalidad y la capacitación legitiman frente a la sociedad la ocupación de un puesto público.

Comments

  1. Completamente de acuerdo con lo de que lo suyo sería apostar por la preparación y el mérito en lugar de la lealtad y la permanencia. Es más yo no me limitaría solamente al ámbito de la política sino que trataría de que, a partir de ahí, se extendiese a muchos otros ámbitos. La universidad, sin ir más lejos es un claro ejemplo de cómo la endogamia puede hacerte cada vez menos competitivo.

    Lo que no tengo tan claro, es eso de que un cargo público favorezca de uno u otro modo a una empresa y acabe siendo contratado por ella. No sé si será legal, pero teniendo en cuenta el grado de corrupción de nuestra clase política, la verdad es que no huele demasiado bien. Probablemente todo esto tendría más sentido en un país con una ley de transparencia democrática real, no la patraña que tenemos aquí.

    En fín, que como siempre, aunque esté de acuerdo en algunas cosas, sigo dando el coñazo. 🙂

    • Estoy de acuerdo con el post , yo añadiría que si tuviésemos sistemas de adjudicación de concursos públicos, transparentes, con requisitos simples y objetivos , nos daría igual donde trabaje después el político de turno , porque no habrá podido influir , de tal forma que podremos tener como político a los mejores del sector . La clave esta en objetivar de verdad , libertad de elección e igualdad de oportunidades.
      Un saludo.

    • Buenos días Samu,

      Lo que es muy difícil de regular es el futuro y para eso, en teoría, existe una ley de incompatibilidades. No sé si Güemes favoreció a Unilabs para años después convertirse en consejero. Pero, desde luego, si así fuera es un plan trazado y demasiado complicado para ser verdad. De todas formas…. vete tú a saber.

      En mi opinión, los políticos y profesionales deberían de poder saltar de un sector a otro con más naturalidad.

      Coincido contigo en que una ley de transparencia bien hecho colaboraría a controlar estos temas.

      Un saludo

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