La función pública: una reflexión


Desde siempre, en todos los foros, han sido comunes las conversaciones acerca de los funcionarios, los dogmas más comunes son: los desayunos, los moscosos, las trampas de fichar unos por otros y las pocas ganas que le ponen al trabajo.

Creo que es injusto que sólo los funcionarios sean responsables del desprestigio de la función pública y su desempeño. De una manera u otras todos hemos sido responsables de que hoy existan más funcionarios de los necesarios, en su amplia mayoría, desmotivados, enfadados con el sistema y con pocas ganas de hacer más esfuerzos de los necesarios.

En esta película cada protagonista tiene su parte de culpa:

–          El Estado y las Autonomías: Por instaurar un modelo sobre cargado de servicios públicos, incluso con la creación de empresas que compiten con empresas privadas (Ejemplo INECO, ADIF, etc…) y permitir e impulsar la creación de innumerables vehículos públicos estatales y regionales, locales.

–          Los políticos y cargos de confianza: Por ocupar la mayoría de los altos cargos públicos, reduciendo la actividad de los funcionarios a la rutina y acortando su posibilidad de carrera profesional, además son culpables

–          Los ciudadanos: Por ver el funcionariado como una vía de ingresos a futura seguro, frente a otras opciones como el empleo ajeno privado o el emprendimiento y por no actuar, como órganos vigilantes, denunciando y utilizando los cauces habituales para elevar quejas ante el mal desempeño de los funcionarios cuando este se ha producido.

–          Los funcionarios: Por creer que ser funcionario es un “trabajo para toda la vida”, con muchas vacaciones y un horario de 8 a 3, en el que no es necesario formarse en otras aptitudes, por no señalar a los compañeros que han obrado mal y sobre todo, por olvidar que su fin es servir a los demás, los ciudadanos, los que pagan impuestos. Sus jefes no son sus superiores. Somos todos.

Existen en España funcionarios que trabajan, que cumplen sus horarios y que dan lustre a la función pública como servicios a los ciudadanos pero, muy a nuestro pesar, son los menos. Es necesaria una redefinición del empleo público en España.

Hay que apostar por un modelo en el que los que funcionarios de mayor rango (abogados del estado, técnicos comerciales, inspectores, etc.) tengan una posibilidad de carrera mayor, eliminando cargos políticos. Un modelo en el que se busque la eficiencia en la reasignación de tareas reubicando y formando a los funcionarios en las áreas que se necesite. Un modelo en el que los funcionarios sean evaluados y que obtengan una remuneración parcialmente ligada al desempeño de su tarea.

En definitiva, es responsabilidad de todos, tener unos funcionarios cualificados, motivados y supervisados. Los recortes por sí solos no bastan y el tratamiento genérico de la profesión tampoco.

¿Y tú qué opinas?, ¿Qué propondrías?, ¿Los funcionarios son un problema con solución?

Comments

  1. ya lo decía Def con dos, “este es un país de aspirantes a funcionario”…….

  2. Efectivamente, Def con dos, no se equivocaba, ese ha sido el planteamiento vital de generaciones y generaciones. Los incentivos eran demasiado golosos para dejarlos pasar.

    Recuerdo como la gente compraba regalos a sus compis por “ficharles”. De todas maneras, creo que la reflexión que deberíamos hacer entre todos es qué modelo de funcionariado público queremos. Mi sugerencia es un modelo tan privado como sea posible, pero eso también tendría que tener su reflejo en la remuneración y en limitar el acceso a los políticos a cargos de gestión elevados.

    Tampoco estaría de más que se exigiera a la empresa privada colaboración para implementar buenas prácticas en la adminisitración.

    Gracias por vuestros comentarios.

  3. Anónimo says:

    Los funcionarios no son responsables de nada y de todo, como todos. Pero si en el año 80 teniamos 700.000 empleados públicos y hoy tenemos 3.500.000 ……alguno sobra.
    Eliminemos los interinos , empleados públicos y dejemos a los funcionarios cualificados con una retribución similar a la privada ligada a objetivos que beneficien a todos.

    Saludos.

  4. Francisco says:

    Permítanme que me presente: Me llamo Francisco Rodríguez y soy funcionario de profesión.
    Aunque comparto muchas de las opiniones del artículo, a mu humilde entender peca de falta de rigor en varios aspectos.
    1. Al afirmar que “El Estado y las Autonomías: Por instaurar un modelo sobre cargado de servicios públicos, incluso con la creación de empresas que compiten con empresas privadas” entiendo que afirma que en nuestro país sobran servicios públicos y que las empresas públicas no pueden competir con las privadas.
    Puede aceptarse cómo opinión, pero no es un hecho incontestable. El problema no es haber creado un modelo sobrecargado de servicios, sino que falta una clara definición de las competencias estatales, autonómicas y locales, lo que trae como consecuencia duplicidades e ineficiencias por un lado y necesidades desatendidas por otro.
    Respecto a que las empresas públicas no puedan competir con las privadas, no pasa de ser un dogma liberal carente de todo fundamento, ya que en nuestro país sin buscar ejemplos más lejanos, empresas nacionales como ENDESA eran punteras en su sector, generando buenos ingresos públicos y sin causar distorsiones en el mercado. Otras eran ruinosas (ENSIDESA, por ejemplo) y otras ocupaban nichos poco atractivos para la iniciativa privada.
    2. Culpar a los ciudadanos del desprestigio de la función pública por “Por ver el funcionariado como una vía de ingresos a futura seguro, frente a otras opciones como el empleo ajeno privado o el emprendimiento” me parece también gratuito. Es lógico que los ciudadanos vean en la función pública una forma de vida atractiva porque tiene muchas compensaciones.No está excesivamente bien remunerada pero con ciertas gratificaciones a cambio. Es lógico que todo el mundo quiera prosperar y buscar trabajos en sectores que los ofrecen buenos y de ello no puede inferirse que el sector en cuestión devenga por eso desprestigiado.
    En Inglaterra el “Servicio de la Corona”, goza de gran prestigio social, igual que todo lo relacionado con la Administración en Francia y tanto Ingleses cómo Franceses ven en ellos una vía de promoción social y de ingresos seguros sin que ello redunde en el desprestigio del “public service” ni de la función pública.
    Cosa diferente es lo afirmado en el segundo párrafo: “por no actuar, como órganos vigilantes, denunciando y utilizando los cauces habituales para elevar quejas ante el mal desempeño de los funcionarios cuando este se ha producido”. Aquí si que estoy totalmente de acuerdo. A los servicios de quejas y reclamaciones no llegan ni una ínfima parte de las quejas que pueden oirse diariamente en cualquier bar.
    3. Afirmar que los funcionarios que cumplen son los menos, es también gratuito.Tan riguroso cómo basarse en las opiniones del bar que nunca llegan a los servicios de reclamaciones.
    En este nuestro país, además de la envidia como virtud capital, tendemos a juzgar el todo que desconocemos por la parte ínfima con la que hemos tratado y así, las más de las veces sin conocer otra cosa que a cuatro malencarados funcionarios destinados en atención al público con los que hemos tenido la desgracia de topar, nos permitimos juzgar a todo un colectivo en el que están desde los que introducen datos en los programas del servicio X que nos va a dar, o denegar, una subvención, al que propone que nos den la licencia para instalar una terraza en nuestro bar (a veces poniendole cara de perro al concejal de turno, que lo que quería era fastidiar al del bar porque le hace la competencia a un primo suyo).
    Sí es cierto que hay demasiada interferencia de políticos y asesores en la actividad administrativa, entorpeciendo el trabajo, haciendo caso omiso de las propuestas de mejora que con mucha frecuencia vienen de los funcionarios, protegiendo a veces a auténticos inútiles, y son ellos precisamente los que, además de llevarse una cantidad importante de las asignaciones del capítulo I, se encargan de desprestigiar a la función pública haciendo circular constantemente los consabidos rumores sobre gente que no cumple y cosas así. Hacen circular los rumores pero ojo, se guardan mucho de poner coto a esos desmanes cuando los hay porque, cómo ya dije, son muchas veces ellos los que protegen al infractor.
    Efectivamente hay que hacer una redefinición de la función pública: podría resumirse en mayor objetividad, que los políticos se limiten a fijar directrices de actuación y que la organización del trabajo dependa de las jefaturas (la administración es una organización jerarquizada, donde el administrado, por mucho que se diga no es el jefe de nadie. Es ni más ni menos que un usuario del servicio, y, por muchos que nos cuenten los demagogos de la “administración participativa”, no tienen posibilidad real alguna de incidir en la organización de los servicios); que la apertura de un expediente disciplinario contra un funcionario que comete una infracción no dependa de la buena o mala relación que tenga con su concejal, que los puestos clave se provean por concurso de méritos y que desaparezca la libre designación.
    Podría seguir hasta casi redactar una tesis al respecto, pero creo que, además de agradecer la posibilidad que me brinda de enviar estas líneas, debo pedir disculpas por la extensión.
    Gracias y un saludo

    • Buenos días Francisco, gracias por pasarte por DSC y opinar de una manera tan concreta, nos encanta recibir puntos de vista diferentes a los nuestros que nos ayuden a mostrar a quien le interese las dos caras de una situación.

      Por seguir con tu correo, me gustaría realizarte unos comentarios. Cuando hablamos de empresas públicas, no decimos que una empresa pública no pueda competir, sino que hay situaciones en que la empresa pública genera distorsión. De hecho, el caso INECO y TRAGSATEC está denunciado en los organismos europeos por competencia desleal.

      En cuanto al tema del desprestigio de la función pública por parte de los ciudadanos por escoger seguridad frente a otras opciones, creo sinceramente que el funcionariado limita a los profesionales, de manera que les ayuda a ser conformistas y a no plantearse otras opciones. Estoy seguro de que hay talento en la administración, pero los incentivos no están bien planteados.

      Por último, creo que a la función pública le falla el marketing. Como dices en tu correo, los ciudadanos se quedan con la impresión del servicio cara al público y no van más allá. Así que se olvidan de muchas cosas buenas que se hacen. Yo tajaría el problema con dos acciones; la primera formar al personal de cara al público en el tratamiento de personas y la segunda, realizar una campaña de marketing.

      En todo lo demás creo que coincidimos.

      Muchas gracias otra vez,
      Manuel

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