Libertad de Elección: hacer….y dejar hacer


El pasado fin de semana, el afamado economista Arthur Laffer (creador de la curva Laffer) estuvo en España impartiendo una serie de conferencias. Su tesis, siempre controvertida, sostiene que el Estado ha de proveer, únicamente, lo estrictamente necesario a sus ciudadanos. Fundamentalmente, gasto en Defensa y partidas presupuestarias mínimas para cubrir a los colectivos más desfavorecidos. El resto puro mercado.

Este liberalismo puro puede considerarse demasiado extremo, personalmente creo que lo es, pero también presenta algunas ideas y razonamientos que la sociedad civil y los gobernantes deberían tener en cuenta.

En la edición impresa del diario el Mundo del pasado sábado se incluía una entrevista con Laffer. De la misma he extraído, algunas citas que creo que son muy interesantes para reflexionar acerca de nuestra situación como país.

Esta cita de Laffer creo que es una de las polémicas, pero presenta una reflexión importante.

“…Si pagas a la gente por no trabajar, no te puedes sorprender de que no trabajen. Quitas dinero a los que producen, se lo das a los que no lo hacen ¿y esperas que el paro baje? ¿Cómo? Seamos serios.””

Activando demasiados mecanismos proteccionistas, al final el Estado convierte a las personas desempleadas en asalariadas y las protege en exceso, desactivando su búsqueda activa.

Hace unas fechas, conversando con un cargo relevante del Gobierno de Zapatero, comentaba que el Ministerio de Trabajo es consciente y tiene datos que soportan que la mitad de la población en paro que encuentra un nuevo trabajo, lo hace en el último mes de la prestación (23 meses después de comenzar a recibir la misma).

También comentaba que los recursos del Ministerio de Trabajo se dirigen principalmente a proteger al parado. Esto es la aplicación de políticas y prácticas que hagan al parado su vida más llevadera, por ejemplo, posibilidad de solicitar la prestación de manera no presencial en las oficinas del INEM o la capacidad de rechazar puestos de trabajo por considerarlos no asimilables a su categoría y trayectoria profesional anterior.

¿No nos estamos pasando de proteccionistas?, otra cita polémica de la entrevista mencionada es la siguiente:

“…¿Austeridad? No es austeridad, por Dios. Es dar libertad. Cuando dejas de pagar el paro a un desempleado es porque estás dejando de quitarle lo suyo al que trabaja. ¿Es austeridad dejar que el que trabaja conserve su renta? ¿En serio? Cuando das, quitas. Y si lo haces por criterios que no sean el esfuerzo y el trabajo, está mal. Para mí no hablamos de austeridad, sino de aumentar la libertad.

Si el ajuste fiscal se realiza aumentando la carga impositiva de las rentas medias y los impuestos indirectos, al final se está privando al trabajador de una mayor renta disponible. Esta parte que no percibe el asalariado se dedica, entre otras partidas, a la prestación por desempleo.  Por tanto, se produce la gran paradoja el que trabaja no quiere trabajar más o defrauda y el que no trabaja, recibe una prestación sin aportar ninguna contra prestación.

Es cierto que no todo es tan general ni sencillo, pero quizá el Estado debería incentivar que la prestación por desempleo no fuera tan lineal y duradera, por ejemplo una indemnización decreciente en el tiempo o la obligatoriedad de aceptar cualquier oferta laboral.

La última cita de Laffer, es la más contundente. Ante la pregunta del periodista de por qué ningún gobernante sigues sus tesis responde:

“…Lo hace todo el mundo cuando maneja su empresa o el presupuesto de su hogar. La gente es sensata en su economía privada y estúpida en la pública, porque no es su dinero y no sufre las consecuencias de sus actos….”

Desde DSC, siempre hemos defendido un Estado responsable que permita a sus ciudadanos ser libres en sus elecciones, pero no sólo se trata de hacer, sino también de no hacer y la sobre protección limita y desincentiva el desarrollo de las personas.

Comments

  1. Anónimo says:

    Está claro que la prestación tiene que ser analizada en mayor profundidad por parte del Gobierno. Hay que estudiar mecanismos que ayuden a los desempleados a beneficiarse honradamente del subsidio y que puedan encontrar cuanto antes un puesto de trabajo, por su bien y por el de toda la sociedad.
    La realidad es que hay casos extremos en los que unos utilizan el subsidio para llevar un trozo de pan a su familia (más que legítimo) y otros prefieren “vivir la vida” durante unos meses, sin hacer uso de la finalidad de la misma: búsqueda intensiva de trabajo. Contra estos casos son los que el Gobierno tiene que ir en contra.
    El fin de la ayuda es buena, el error es el uso que hacemos de ella. Hay que crear una mayor conciencia de lo que es por parte de toda la ciudadanía y el coste que ésta tiene para toda la sociedad (recuerdo que muchos de las reducciones de ministerios tales como Educación o Sanidad, se están realizando, en parte para mantener este gasto).
    Está claro que el sistema actual tiene que ser revisado y reorientado para maximizar la eficiencia en la búsqueda de un puesto digno para los desempleados que, por desgracia, en este país son muchos.

    • Gracias por tu comentario anónimo,

      Estoy de acuerdo contigo, pero no sólo existe esta falta de incentivo en el cobro de la prestación, también ocurre en otras esferas. Gente que acude a cursos estatales subvencionados y a la vez cobra la prestación, empresas cuyo único fin es vivir de una subvención, etc.

      Creo que lo más importante de las enseñanzas de Laffer, es que si las empresas y los ciudadanos está sobre protegidos o no tienen incentivo se relajan y acaban siendo un coste mayor para el Estado, lo que implica más impuestos para los trabajadores.

      Gracias por pasarte por aquí.

  2. Siempre tuve la sensación, que quizás alguien pueda corregirme, de que algo fallaba cuando la diferencia entre el subsidio por desempleo y el salario es tan pequeña. No se si es que los salarios son bajos o los subsidios altos, pero la brecha en el caso de rentas medias-bajas (como las que perciben los jóvenes en sus primeros años laborales) es en mi opinión demasiado pequeña. Un ejemplo (estimaciones mías): una persona que recibe unos 1200 Eur mensuales trabajando, recibe unos 850 Eur por desempleo. Si quitamos a los trabajadores dispuestos a hacer sacrificios a cambio de una carrera profesional de largo recorrido, esta diferencia de 350 Euros difícilmente se compensa con 8 o 10 horas diarias de trabajo. Sin contar con el dinero extra que se puede conseguir vía “chanchullos” durante todo el tiempo libre que te queda.
    Lo dicho, no tengo claro si es el subsidio o el salario, pero me parece que algo falla.
    Por cierto, ¡gran artículo!

    • Buenos días Egomez,

      El razonamiento que haces es correcto, la única matización es que para percibir las prestaciones más altas hay que haber cotizado durante varios años y en unos niveles determinados. Pero creo que tu punto es bueno, muy bueno.

      Si la prestación es muy elevada y el coste de oportunidad de estar desempleado es muy bajo pero a cambio el tiempo libre aumenta y las obligaciones disminuyen el incentivo desaparece. Además la vía “chanchullo” está ahí y es muy golosa.

      Creo que la solución sería implantar una prestación decreciente que le dé tiempo al desempleado a asimilar su nueva economía y que después le incentive a buscar un empleo, el que sea. Esto pasa por que el plazo de la prestación disminuyera (24 meses máximo, plazo que hay en España hoy es, con mucho, el más largo de los países de la OCDE).

      Para no perjudicar a los sectores más desprotegidos habría que incluir un factor corrector. No es lo mismo un chaval de 25 años que un desempleado con 56 años.

      Gracias por tu comentario.

  3. Me ha encantado el post, toca un tema fundamental en nuestra sociedad, la relación entre libertad e igualdad. El sistema de prestación por desempleo no es malo es si mismo. Somos nosotros los que al ser utilitaristas y no tener conciencia colectiva, usamos los recursos públicos hasta el límite máximo. Si fuésemos cívicos de verdad el sistema no sería malo, pero incentiva el no trabajar.
    Como critica al post y a Laffer, yo creo en la redistribución de la riqueza, porque no todos tenemos las mismas oportunidades, existen colectivos fuera del mercado laboral y porque en definitiva las personas somos una “mercancía” especial. El Estado debe garantizar la igualdad de oportunidades y la máxima libertad de cada uno de nosotros. No todos somos igual de libres. Mientras sigamos con los niveles de pobreza existentes en las sociedades avanzadas, de avanzadas tendremos poco……….muy poco. El problema es distinguir como decía Egomez la persona que quiere y no puede del que puede y no quiere.
    Un saludo.

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